A lo largo de nuestra vida, pocas veces vivimos el silencio real. Aunque no hablemos con nadie, nuestra mente emite un zumbido constante en forma de pensamientos. Esos pensamientos tienen diferentes voces. Los hay que tienen la voz del miedo, los hay con la voz de la alegría, los hay con la voz de la ira, del asco,de la tristeza, de la nostalgia, de la ilusión…¿A cuáles les damos las riendas de nuestra actitud? ¿Cuál manda? Esas voces con las que dialogamos, tan parecidas a la nuestra, llevan el peso de nuestras experiencias tanto positivas como negativas.Si en la balanza pesan más las segundas, nos vemos limitados, incluso bloqueados en muchas situaciones de nuestro día a día.Son voces aprendidas desde nuestra infancia que por uno u otro motivo quedaron grabadas a fuego y que tienen tal fuerza que acabamos por creer los juicios de emergen de ellas.

¿Cuántas veces nos ha ocurrido que creemos que alguien nos mira mal? ¿Cuántas veces hemos sentido que sobrábamos en una conversación o en un grupo? ¿Nos cuesta mucho decir NO por miedo a lo que pensará el otro? ¿Nos decimos muy a menudo que no vamos a conseguir algo porque no valemos?

Una herramienta muy útil es desarrollar una voz que modere a las demás.Una voz generosa y compasiva, que respete todas las demás voces pero que actúe de guía y líder.Esto de logra con paciencia y trabajo personal.  Os dejo un vídeo que Charlie Heriot-Maitland, psicólogo del King’s College London realizó junto a la animadora Kate Anderson. Aunque las voces del vídeo original pertenecen a dos personas que han sufrido episodios psicóticos en los que escuchaban voces, es perfectamente válido para las voces rutinarias , para los pensamientos que invaden nuestra mente.

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Tengo 46 años, un hijo genial y un ex-marido estupendo. Estudié Realización y Producción Audiovisual hace tanto tiempo que no guardan ni mi ficha. Antaño trabajé en mil sitios o quizás en unos 10. Me sirvieron para cubrir gastos y acumular experiencias pero me repateaban emocionalmente. Escribo desde siempre y mi presencia en la Red es rastreable desde hace más de una década. Hace unos años descubrí que mi Ego tenía más capas que una ilustración de Photoshop gracias a una hostia de la vida. Me sumí en una depresión fenomenal de la que salí gracias a mi Maestro de Reiki. Me maravilló lo que el Reiki hizo conmigo, así que metí de lleno. Cuando llegó el momento, empecé a ayudar a otras personas a ayudarse... en plan Jerry McGuire pero sin la cara de desesperación.