Tenemos la costumbre de no darle mucho valor a nuestros aciertos porque nos han enseñado que el acierto es la única opción. Esa actitud hacia lo positivo es negativa en sí misma. ¿A que no te felicitas con intensidad cuando aciertas? Al menos, no con la misma intensidad que te castigas cuando te equivocas. ¿Por qué? Porque en realidad hemos aprendido que lo negativo es lo que importa, así vamos a degüello con los errores y damos por hecho los aciertos.

No nos han enseñado a VALORAR sino a JUZGAR.

Equivocarse es natural. Asumirlo y perdonarnos es ese trabajo divino dentro de lo humano que evitamos. Claro que tenemos nuestras razones para actuar como lo hacemos:  la historia personal, el carácter, el entorno…, sí, pero al final solo nosotros tenemos el poder para valorarnos y querernos.

Cuando esgrimimos un ” esto es por tu culpa”, en realidad estamos siendo cómodos. No solo elegimos no pensar en qué hemos podido hacer para propiciar un conflicto: nos negamos la capacidad de mejorar como individuos y cooperar para mejorar nuestra vida y nuestro entorno. También estamos regalando nuestro poder personal a otro, lo que nos convierte en víctimas y nos debilita.

La víctima principal en la guerra de culpas es la propia autoestima. Cuando atacas a otro y le señalas como el culpable de tus males, en realidad estas huyendo de tu responsabilidad. No hay culpables, hay Responsabilidad. En el momento que decides mirar hacia adentro y analizar conscientemente tu papel en la vida de otros, puedes determinar qué grado de implicación tienes en cualquier conflicto.Puedes pasar de enfrentarloafrontarlo, con naturalidad, abriéndote al diálogo, creciendo y sanando tu  autoestima.

” ¿Yo? ¡ La culpa es suya!”

Todo el mundo tiene sus motivos para ser como es y actuar como actúa. Todos queremos que el otro entienda nuestra postura, que vea las cosas como nosotros las vemos. No siempre es posible. Sé tú quien empiece por ser consciente de que todos tenemos virtudes y defectos y que la suma de ambos da como resultado la persona que somos.

Lo que los demás juzguen sobre ti es algo que no puedes controlar. En cambio sí puedes decidir cómo darle un buen uso a esa información.Lo que los demás  digan que es bueno o malo es siempre una valoración personal. Los únicos que decidimos lo que es y lo que no es sobre nosotros somos nosotros mismos.

Una buena autoestima pasa por tomar conciencia de como uno es y aceptarlo, se alimenta de apreciarse saludablemente y trabaja en seguir creciendo. ¡Valora, no juzgues!

Te recomiendo que eches un vistazo al Taller de Ho’Oponopono, una herramienta que puede ayudarte a comprender y perdonar.

 

 

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Tengo 46 años, un hijo genial y un ex-marido estupendo. Estudié Realización y Producción Audiovisual hace tanto tiempo que no guardan ni mi ficha. Antaño trabajé en mil sitios o quizás en unos 10. Me sirvieron para cubrir gastos y acumular experiencias pero me repateaban emocionalmente. Escribo desde siempre y mi presencia en la Red es rastreable desde hace más de una década. Hace unos años descubrí que mi Ego tenía más capas que una ilustración de Photoshop gracias a una hostia de la vida. Me sumí en una depresión fenomenal de la que salí gracias a mi Maestro de Reiki. Me maravilló lo que el Reiki hizo conmigo, así que metí de lleno. Cuando llegó el momento, empecé a ayudar a otras personas a ayudarse... en plan Jerry McGuire pero sin la cara de desesperación.