Pedir ayuda a cualquier tipo de terapeuta, no nos hace débiles, al contrario; pedir ayuda es un acto de valentía. Pero todos sabemos lo mucho que cuesta. La sociedad estigmatiza las malentendidas debilidades, porque esto es la Selva- y porque lo fácil es señalar-. Y aún así hay algo peor que estigmatizarlas, exigir que las soluciones vengan con alitas blancas y desciendan mágicamente  sobre nuestros bloqueos mientras nosotros sonreímos y recitamos un eslogan multimillonario.

 

Pero ¿qué es una debilidad?

Las debilidades son creencias falsas sobre nuestra incapacidad para sortear obstáculos.

Las tenemos todos y son tan molestas como las moscas al final del verano. El que dice que no tiene debilidades está reconociendo su debilidad abiertamente: el miedo a tenerlas. Ese miedo lo tenemos todos, pero en esos casos está incluso más arraigado.

Hay quien miente porque cree que no tiene valor para decir la verdad, porque ve en ella inconvenientes de los que se ha de huir. Hay quien no hace lo que debe porque cree que lo que hace no tiene valor. Hay quien huye porque cree que no tiene poder para cambiar las cosas, que nada depende de él mismo para cambiar, tiene miedo de los otros, el “enemigo”, más fuerte que él, más numeroso,más guapo…

También hay debilidades en positivo:
El que constantemente compite y se desloma por ser el mejor tiene miedo al fracaso, el que presume en exceso tiene miedo de no ser el mejor, el que se esfuerza en que los ambientes sean siempre favorables tiene miedo de la tristeza…la debilidad se alimenta del miedo y hay tantos ejemplos como personas.

Las debilidades forman parte de nuestra naturaleza, como el miedo, pero aprendemos a convivir con él. Y esa misma naturaleza, con debilidades y miedos, contiene un abanico de recursos que nos hacen salir adelante. Podemos ir más allá de ese salir adelante y tomar decisiones en firme; alejarnos de teorías, independizarnos de manuales, y tomar la decisión firme de ser felices con debilidades, con miedos y con esperanza.

El mayor reto al que nos enfrentamos,sin embargo, es la permanencia en un estado de debilidad sutil. Llamo así a la no implicación. A nuestra exigencia de soluciones que solo sean ejecutadas por los demás o con mínimo esfuerzo por nuestra parte. Así no vamos a ninguna parte. Permanecer como una condenada película en pausa, no es vivir. Pasarle a otro el mando a distancia de nuestra vida con la esperanza de que no espere a que se queme nuestra pantalla no es vivir..

La paja en el  ojo ajeno y la viga en el propio

Una amiga de mi hijo le dice-por lo visto con excesiva insistencia- que el color negro no existe. En rigor tiene razón. Mi hijo, defensor acérrimo del negro, mantiene que si el color negro no existe,¿por qué podemos verlo?

Para crecer como seres humanos, efectivamente deberíamos  buscar la viga en el vidrio de nuestros espejos. Pero creo que es recomendable mirar en los espejos que tantas debilidades ajenas nos desvelan y preguntarnos por qué podemos verlas. La evolución personal reside en la capacidad de ver el negro como color y como ausencia de color,  decidir si deseamos cambiarlo por otro y de ser así, cambiarlo.

 

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Tengo 46 años, un hijo genial y un ex-marido estupendo. Estudié Realización y Producción Audiovisual hace tanto tiempo que no guardan ni mi ficha. Antaño trabajé en mil sitios o quizás en unos 10. Me sirvieron para cubrir gastos y acumular experiencias pero me repateaban emocionalmente. Escribo desde siempre y mi presencia en la Red es rastreable desde hace más de una década. Hace unos años descubrí que mi Ego tenía más capas que una ilustración de Photoshop gracias a una hostia de la vida. Me sumí en una depresión fenomenal de la que salí gracias a mi Maestro de Reiki. Me maravilló lo que el Reiki hizo conmigo, así que metí de lleno. Cuando llegó el momento, empecé a ayudar a otras personas a ayudarse... en plan Jerry McGuire pero sin la cara de desesperación.