Esta es mi historia!

Tengo 43 años. Me quedé embarazada con 37 años, en el momento en el que había decidido no ser madre y separarme, todo al tiempo.

Como persona, he sido y soy mujer de mucho carácter. Me enseñaron que ser madre no era un objetivo en la vida. Que hay un orden :primero, eres persona, luego mujer y luego madre, para resumir. Creía en ello y aún lo creo. Pero llegó un momento en mi vida en que creí que no servía para ser ninguna de las tres cosas. Me veía gorda, pesara lo que pesara;nunca he sido delgada pero estuviera como estuviera me veía MAL.  De niña era delgadita pero cuando apareció la menstruación, mi cuerpo decidió que todo lo que entrara por mi boca iba a ser el doble de lo que aparentaba. Si añadimos que me desarrollé muy pronto, que eras treméndamente sensible y que estaba muchas horas sola ( y otros tristes acontecimientos) digamos que no tuve una infancia fácil.  Eso sí, nunca estuve en riesgo de caer en la anorexia, porque mi sangre andaluza disfruta y mucho de la comida. Es un puto placer.

Llevaba casada tres años cuando empezó a ir todo mal. Mi relación con el padre de mi hijo no estaba fría, estaba ultra-congelada. Lo habíamos intentado de mil maneras diferentes pero no funcionaba. Estaba convencida de que era todo culpa mía,aunque le culpara a él.La misma impotencia de no poder solventarlo, me hacía irritable y poco receptiva. Creer a pies juntillas que era culpa mía empeoró mi estado emocional. Tenía manía persecutoria. Iba por la calle y pensaba que todo dios me miraba para criticarme. En mi entorno de entonces había mucha gente negativa. Discutía y mucho con las pocas personas con las que interactuaba. Todo era susceptible de convertirse en una batalla campal y estaba convencida de que los malos eran Los Otros, como si estuviera en la isla de Lost, talmente. La que estaba Lost era yo pero cuando estás así no lo ves. Defiendes tu indefendible postura y te preguntas por qué la gente es como es. Cedes tu poder a tu entorno y no te planteas que tu entorno sea un reflejo de como tú estás.Pero claro, entonces no sabía lo que sé ahora.

Paddy Madre
Sí, soy yo hace casi siete años. Pelo rojillo botillo y gafas cuadradas, como mi mentalidad de entonces.

Me sentía sola, incomprendida y nada querida. Supe que tenía una depresión importante el día que no fui capaz de reírme de mi misma, algo que he hecho toda la vida.Y al día siguiente fue cuando me dijeron que estaba embarazada. Así que con una depre del quince, una separación en ciernes, casi dos años en el paro y muchos quilos de más, no salté de alegría. Una parte de mi estaba encantada ante la perspectiva de tener un hijo/a, muy deseado durante tres años. La otra se cagó en todo. Me asaltaron preguntas del tipo ¿¿¿POR QUÉ AHORA???? ¿Cómo voy a ser una buena madre si soy más infeliz que la hostia? ¿Y qué hago yo ?¿Me separo o no? ¿Cómo voy a encontrar trabajo?¿Y de dónde sacamos el dinero?

Mal, mal.Fatal.

El embarazo no mejoró esa distorsionada percepción, por supuesto. De híper sensible pasé a híper insoportable y de 81kg a 93kg en 9 meses-y eso con ayuda endocrina-. Mi culo no ayudó. Tengo el culo de mi abuela:sube pa’rriba, como buscando la Luz, y en cuanto me engordo, a mi parte trasera solo le falta el neón para hacer de luz de freno. Tuve acidez desde el minuto uno hasta el octavo mes.Cada comida era un psico-drama. Tenía que pesar todo lo que comía y me tenía que controlar el azúcar tres veces al día. Para alguien para quien la comida es El Momento Sagrado,eso fue una pesadilla.Mi espalda sufrió lo suyo desde el cuarto mes y hasta hace poco no la recuperé.Nunca tuve nauseas, eso sí. Bueno, si no contamos con que me asqueaba de mi misma desde el día que miré hacia abajo en la ducha y eché en falta mis pies. No los vi en tres meses, excepto para intentar encajarlos en las zapatillas, único calzado accesible para mi. No descansaba de noche pero me caía por los rincones de día.

Vamos, que cuando mi amiga del alma me decía nostálgica lo mucho que echaba de menos su embarazo, la odiaba. Suerte que tenemos una relación peculiar en la que todos los insultos son muy bien tolerados. Yo la enviaba muy lejos y ella me llamaba perra, en paz.

Pero había un momento en el día en el que disfrutaba de verdad de mi pequeño viajero. Por la noche, antes de apagar la luz y cuando estaba sola en la habitación, le cantaba. Él respondía dando pataditas suaves, casi podía oírle reír. Es un recuerdo que con el tiempo he convertido en el que transforma mi gesto de disgusto en la mejor de las sonrisas.

También era un motivo más para aumentar mi inseguridad. ¿Cómo iba a ser una buena madre para aquella criatura perfecta que se activaba con una cancióncilla de Mary Poppins?

(…)

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Tengo 46 años, un hijo genial y un ex-marido estupendo. Estudié Realización y Producción Audiovisual hace tanto tiempo que no guardan ni mi ficha. Antaño trabajé en mil sitios o quizás en unos 10. Me sirvieron para cubrir gastos y acumular experiencias pero me repateaban emocionalmente. Escribo desde siempre y mi presencia en la Red es rastreable desde hace más de una década. Hace unos años descubrí que mi Ego tenía más capas que una ilustración de Photoshop gracias a una hostia de la vida. Me sumí en una depresión fenomenal de la que salí gracias a mi Maestro de Reiki. Me maravilló lo que el Reiki hizo conmigo, así que metí de lleno. Cuando llegó el momento, empecé a ayudar a otras personas a ayudarse... en plan Jerry McGuire pero sin la cara de desesperación.