El momento en el que te abandonan es nefasto. En mi caso se inició con un prólogo de ocho angustiosas horas  poco después de la Última Cena. Diferencias de opinión sobre mi papel como madre abrieron la caja de Pandora de la que se desparramarían frases y acusaciones muy hirientes en el amanecer de un siete de octubre. 

Desde el principio de la relación vi que esa persona tenía la autoestima por los suelos, pero lo que no vi son dos realidades que comprendí mucho más tarde,al inicio de mi recuperación: cuando una persona tiene la autoestima baja es muy probable que se junte con otra con la autoestima aún más baja. Lo único que jamás he resuelto con rotundidad ha sido quién de los dos era el subterráneo. La segunda realidad es que cuanto más baja es la autoestima, más cruel es el ataque/la defensa. Cuando tenemos la autoestima por los suelos, se altera nuestra percepción.¿De qué forma? Nos parece que una opinión es un ataque y un ataque una guerra a muerte. Y ante un ataque ¿qué hace cualquier ser vivo? Se defiende, las más de las veces atacando.

Él se “defendió” de mis opiniones atacando con saña ( más bien desesperación por no ver otra forma de librarse de mi) y yo ataqué apelando a la conmiseración. Me pareció que él me había traicionado, es más, estaba convencida hasta la médula de que me utilizó a sabiendas para luego eliminarme como a un kleenex resobao. Yo era la víctima. Punto y final. Por dentro, esta victimización a saco se alimentaba y crecía gracias a mi ego gritando cosas del tipo ¿Qué esperabas? ¿Cómo iba alguien como él a estar con alguien como tú?… para luego mejorar lo servido con cosas del tipo ¡Todos los tíos son unos mierdas! ¡Menudo mentiroso!¡Mira que eres tonta, criatura, siempre te tomarán el pelo!

Muy bonito todo.

La verdad es que él tenía mucho miedo y sentía mucha confusión. Yo me limitaba al miedo, pero en mi caso le superaba con creces en ese aspecto. Y eso es lo que hace el miedo: o te paraliza, o te convierte en una fiera ( como a él), o en una víctima( como yo). Y en una relación solo tienen miedo los dependientes emocionales, porque la dependencia emocional se da por exceso de apego y el apego por miedo a la pérdida.

En los días siguientes, ni comía, ni dormía, ni era nadie. La misma semana del desastre, me llamaban de un hospital para que acudiera corriendo por la grave situación de un familiar a quien yo me sentía muy unida. El destino quiso que esa situación fuera el detonante de un drama añadido.

Resumiendo, por una serie de sospechosas coincidencias me enteré de años de mentiras, difamaciones y entrometimientos.No me enteré por dimes y diretes, sino con pruebas físicas. Conocí en el hospital a una persona muy cercana a mi familiar que, desesperada por sus manipulaciones, grabó audios y guardó conversaciones de whatsapp con el fin de averiguar la verdad sobre mi persona. Dios sabe el esfuerzo que tuve que hacer para no montar un pollo en el mismo hospital. Solo diré que mi familiar ,estando en la UVI, tuvo el cuajo de enviar mensajes a mi reciente ex-relación aplaudiendo su decisión de abandonarme mientras a mi me decía lo mala persona que era. 

Siempre había tenido problemas con esta persona. Me tenía mucha envidia y habíamos hablado de ello muchas veces pero jamás conseguí que se viera como yo le veía.  Era, además-y es posible que aún lo sea- un mentiroso patológico desde siempre pero alcanzó niveles psicópatas, niveles con clara intención dañina para mi y para mi entorno. Su perfil era de autoestima nula, con problemas psicológicos añadidos, no sé si derivados u origen de esa autoestima nula. Tuve que tomar una decisión drástica por mi bien: apartarme.

Me costó muchísimo, dolió muchísimo.Al dolor del descubrimiento de todo lo que durante años había ido diciendo esta persona, sumé el dolor de tener que romper una promesa hecha a su padre-al que adoraba- y el dolor de renunciar a arreglar las cosas. La envidia es un rival indestructible en la batalla por la verdad. No hay argumento ni voluntad capaces de anularla si quien la padece no renuncia a ella.

A veces es necesario distanciarse hasta de quien más amas. Ambas relaciones eran tóxicas para todos. Mi ex-pareja-condenada-al-fracaso lo era para mi y yo para él, y mi familiar lo era para mi y yo, aunque sin buscarlo, lo era para esa persona porque despertaba en ella sentimientos dañinos. Sí, el problema lo tenía esa persona, su nula valoración de sí misma, pero la única forma de que tuviera una oportunidad de ser de otra manera era que yo me alejara. 

Fue poco después de estos acontecimientos cuando, gracias a los actos de una tercera persona, me di cuenta de que todos aquellos con los que tenía una relación más cercana respondían al mismo perfil. Esa apreciación me hizo preguntarme hasta qué punto eran un reflejo de mis propias carencias. Ahí empezó el trabajo duro. 

 

 

 

 

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Tengo 46 años, un hijo genial y un ex-marido estupendo. Estudié Realización y Producción Audiovisual hace tanto tiempo que no guardan ni mi ficha. Antaño trabajé en mil sitios o quizás en unos 10. Me sirvieron para cubrir gastos y acumular experiencias pero me repateaban emocionalmente. Escribo desde siempre y mi presencia en la Red es rastreable desde hace más de una década. Hace unos años descubrí que mi Ego tenía más capas que una ilustración de Photoshop gracias a una hostia de la vida. Me sumí en una depresión fenomenal de la que salí gracias a mi Maestro de Reiki. Me maravilló lo que el Reiki hizo conmigo, así que metí de lleno. Cuando llegó el momento, empecé a ayudar a otras personas a ayudarse... en plan Jerry McGuire pero sin la cara de desesperación.